Andrés Vázquez de Sola y Domingo nació en el Campo de Gibraltar, en 1927. Ha estudiado pintura y periodismo, combinando ambas disciplinas a lo largo de toda su vida profesional. El periodismo es el punto de partida de todos sus caminos: escribe, pinta, dibuja, esculpe, hace televisión; siempre desde la idea de que la profesión de periodista le obliga a expresar cosas —las que honestamente piensa— la forma de hacerlo, para él, es intranscendente.

En 1959, escapa a París, ante la inminencia de ser apresado por su disidencia política, comenzando a trabajar —después de una época harto difícil, en la que llega a dormir bajo los puentes del Sena— en periódicos como el Canard Enchainé, Le Monde Diplomatique, L ́Humanité. Durante su residencia en Francia, realiza también decorados de teatro, emisiones radiales, exposiciones y crítica teatral, siempre desde su óptica de periodista. El mismo 20N de 1975, una vez conocida “la noticia”, regresa a España, donde reside actualmente. Ha sido contratado por numerosas publicaciones: El Mundo, El Independiente, Diario 16, Interviú, El Cocodrilo, Diario de Cádiz…, pero, en contraposición a su estabilidad laboral como periodista francés (25 años en el Canard, por ejemplo) todos los contratos suscritos en España han sido muy efímeros: sigue siendo tan “incómodo” como cuando escapó a pie a la Ciudad de la Luz.

Reside en París durante unos 30 años, trabajando en el Le Carnard Enchainé y formando parte de su dirección. Su entrada a este semanario satírico no pudo ser mejor, el primer dibujo publicado fue La Corrida Franquista y tuvo tal aceptación que el periódico realizó una tirada especial de un millón de ejemplares. Este hecho marcó un punto de inflexión en su carrera, llegando a ser uno de los dibujantes más conocidos y reconocidos de la prensa francesa.

En la actualidad vive en España, en la provincia de Granada, retirado de la prensa pero no de la vida profesional activa; se dedica a escribir —tiene más de una treintena de libros publicados— y a pintar. Sobre su obra pictórica es destacable una extensa galería de retratos, que él define caricaturas, pero que se hallan muy lejos del arquetipo que este género ha impreso en la mente de todos: no se trata de grandes cabezas con rasgos exagerados, sino de una nueva forma de caricaturizar la vida y la obra de cada personaje, donde lo menos importante es el rostro o la figura. Y es que Vázquez de Sola ha hecho de su profesión el paradigma de la unicidad, muchas veces nadando contracorriente, enfadando a unos y encantando al resto. Alguna vez se le ha escuchado decir: “trabajo para ser odiado por la gente odiosa y amado por la gente amable”, esta máxima resume su quehacer artístico y periodístico.