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JUSTOS BENEFICIOS

Si la cara es el espejo del alma, la caricatura es su espejo cóncavo, la añeja fuente del esperpento que Valle-lnclán descubrió en él Callejón del Gato. No es el dibujo lo que está deformado, sino la realidad, que a su vez degrada y deforma.
Sobre tales propósitos me hablaba el sanroqueño Andrés Vázquez de Sola cuando le conocí a su regreso de un largo exilio francés: “Mirando una caricatura —había escrito a su propósito Enrique Tierno Galván— se descubre más de una persona que mirando a la propia persona. En este sentido el caricaturista es un delatador intencional y con frecuencia perverso”.

“Vázquez de Sola —añadía el viejo profesor en un texto suscrito en 1976— es un gran caricaturista del hombre al desnudo y posee esa cualidad que de modo especialísimo poseen médicos y caricaturistas que merezcan la pena. De una ojeada Vázquez de Sola descubre lo que hay dentro de cada uno y se oculta o se falsifica por los ademanes y la cara, por lo común tierra tan cultivada por el trato y los usos sociales que apenas expresan la verdad del hombre».

Así, Beethoven fue en sus manos un viejo león dormido, mientras el rostro de Bizet resultaba prácticamente engullido por el elenco de la ópera que le puso en las páginas de la historia; Agatha Christie tomaba té con el cianuro del cráneo hamletiano, mientras Walt Disney apenas resultaba un triste trasunto de Mickey Mouse; Dalí, con repunte de cruz gamada, era una marioneta surrealista; la apariencia de Marlene Dietrich resultó ser sus piernas, mientras la verdadera faz de Castro aparecía oculta por sus anécdotas, esto es la barba y el habano enorme… Dibujó a Sartre como un caballero andante, como un quijote que cabalgaba sobre un mundo en forma de templo.

En sus figuraciones caricaturescas, Vázquez de Sola no sólo asume su condición de lector avezado, cinéfilo e ingenioso, sino la del espectador que contempla un lienzo en su contemplación le lleva al aprendizaje. Hay, en ese contexto, tanto Goya como Munch, mucho -muchísimo- de aquel Picasso que cuando Gertrude Stein le reprochó su retrato, por no parecérsele, repuso que algún día, conforme el tiempo avanzara, se le acabaría pareciendo. Vázquez de Sola, en tal cometido, vuelve a ser Dorian Gray, el célebre personaje wildeano, sobre cuyo retrato se acumulaban todas sus culpas. Una caricatura de Vázquez de Sola es el costal de los pecados, veniales o capitales, cometidos por su modelo.

 

Juan José Téllez Rubio Algeciras, marzo de 1996.
(Tomado del prólogo al catálogo de la Exposición “Cadicaturas”).